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Cuando alguien se hace pasar por ti en Internet: la identidad digital también hay que protegerla

28 de mayo de 2026

Hace unos días, Jordi Roca, pastelero y copropietario del Celler de Can Roca —el restaurante de los hermanos Roca de Girona— publicó un mensaje en Instagram que no dejaba lugar a dudas. Estaba muy indignado. Alguien había creado una página web falsa que imitaba su restaurante y estaba cobrando dinero por gestionar reservas que, evidentemente, nunca llegarían. Una estafa en toda regla, disimulada detrás de un dominio lo suficientemente verosímil como para engañar a los clientes.

No es un caso aislado. Pero nos ha parecido un buen momento para hablar de algo que a menudo queda en segundo plano: la identidad digital de los negocios y, por extensión, de quiénes somos en Internet.

Nadie puede tenerlo todo. Pero sí lo que importa
Cuando registras un dominio, la pregunta que enseguida te haces es: ¿cuántas extensiones tengo que comprar? La respuesta honesta es que, por más que creas que con un .com, un .es o un .info ya tienes suficiente, si alguien quiere suplantarte, encontrará la manera con cualquier dominio que todavía no hayas ocupado. El número de dominios posibles en el mundo es tan grande que nadie —ni la marca más poderosa del planeta— puede comprarlos todos. Aunque existen mecanismos para la protección de tu marca en Internet, estos tampoco cubren el 100% de las extensiones (TLDs) existentes.

Pero hay una diferencia entre la cobertura total —imposible— y la cobertura significativa. Y aquí es donde entra la lógica del dominio .cat.

Si eres un negocio que opera en catalán, que tiene raíces aquí, que se dirige a una comunidad concreta y que representa un trozo de nuestra cultura, entonces el dominio .cat que lleva tu nombre debería pertenecerte a ti. No como escudo infalible ante cualquier fraude, sino como marca de propiedad sobre tu identidad digital en el entorno lingüístico y cultural que te define.

Y la buena noticia es que tenerlo no significa tener que gestionar una nueva web. Un dominio .cat se puede configurar para que redirija automáticamente a cualquier otra página: tu versión .com, la .es, o la que uses habitualmente. A esto lo llamamos «una redirección», y es tan sencillo como cambiar la matrícula de un coche sin moverlo de sitio. Lo que consigues es que nadie pueda usar ese dominio .cat para hacerse pasar por ti, sin que tengas que cambiar nada de tu flujo habitual de trabajo. Para casos más específicos, el dominio .cat también prevé otras fórmulas de protección, como los dominios defensivos, disponibles solo para marcas registradas.

La gastronomía es cultura. Y la cultura necesita un espacio propio
El caso de los Roca no es casual. El Celler de Can Roca es, a escala mundial, uno de los restaurantes más reconocidos de la historia reciente de la gastronomía. Y, precisamente por eso, es un objetivo atractivo para quienes quieren aprovecharse de la reputación ajena. Pero piensa por un momento en cualquier otro restaurante de proximidad, en una bodega familiar, en una pastelería artesana, en el mercado local que ha abierto web recientemente. Todos ellos forman parte de un tejido cultural que nos define colectivamente.

La gastronomía catalana —con sus productos de proximidad, sus denominaciones de origen, su cocina de raíz e innovación— es patrimonio. No en el sentido estático de la palabra, sino en el sentido vivo: es lo que somos, lo que comemos, lo que explicamos a quienes vienen de fuera. Y si todo lo que es identidad necesita un espacio digital reconocible, la gastronomía no debería ser una excepción.

Un negocio gastronómico que usa un dominio .cat no es solo un negocio con una extensión diferente. Es un negocio que dice: soy de aquí, trabajo en catalán, me siento parte de ello. Que refuerza su presencia en el ecosistema digital de nuestra comunidad. Que contribuye, con el simple acto de registrar un dominio, a que el catalán sea visible en Internet de la manera más elemental: teniendo un lugar propio.

La identidad digital no es un lujo técnico
A menudo tratamos los dominios como un detalle menor, un trámite necesario para tener una web. Pero un dominio es mucho más que una dirección. Es tu nombre en Internet. Es lo que aparece cuando alguien te busca, cuando te comparte, cuando confía en ti. Y, como todos los nombres, vale la pena protegerlo.

El caso protagonizado por Jordi Roca en las redes sociales es una llamada de atención que va más allá de la ciberseguridad. Nos recuerda que la identidad digital es algo que hay que pensar, cuidar y, en la medida de lo posible, proteger de forma proactiva. No por miedo, sino por coherencia. Porque en Internet, como en la vida, ser tú mismo —y que nadie pueda aprovecharse de ello— es una condición mínima para poder operar con confianza.

Y si crees que todo esto no va contigo, piénsalo también desde un ángulo más pragmático: tener un dominio .cat es, en la mayoría de los casos, menos caro que gestionar las consecuencias de no tenerlo —que se lo digan a los hermanos Roca. Contar con un dominio .cat es garantía de contar con alguien que, en caso de problemas, te atiende, entiende tu contexto y lo hace en tu lengua. Porque detrás del .cat hay personas reales, cercanas, que saben lo que representa tener un negocio aquí. No hace falta que te sientas especialmente vinculado para reconocer que es una decisión sensata.

Si tienes un negocio que forma parte de nuestra cultura y que se dirige a nuestra comunidad, y todavía no tienes un .cat, te estás arriesgando a que alguien ocupe tu espacio en Internet. ¿Quizás ya es hora de reclamarlo, no?

¿Quieres saber si el dominio .cat de tu negocio o proyecto está disponible? Consúltalo en domini.cat

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